LA CIUDAD / Memoria y deseo

por Ban(lieu)e

por Queralt Lencinas «Lo que le importa a mi Marco Polo es descubrir las razones secretas que han llevado a los hombres a vivir en las ciudades, razones que pueden valer más allá de todas las crisis.»

en la introducción de Las ciudades invisibles de Italo Calvino

Como muchos otros este verano, me he marchado, casi escapado, del agosto en Madrid, para luego darme cuenta que me encontraba en otra ciudad donde otros tantos habían hecho lo mismo pero en el sentido inverso. Investida de turista, me fui a Barcelona y empleé varios días en deambular por ella. Durante estos recorridos, en los que, como en tantos trayectos urbanos similares, me encontraba reconociendo lugares y descubriendo otros, perdiendo la orientación y volviéndola a recuperar, pensaba en cómo percibía la ciudad, estableciendo inevitables paralelismos con Madrid y observando mi reconocimiento de lo urbano. Una de las razones que me lleva a pensar en esto no es la consabida comparación entre Madrid y Barcelona, sino que se trata de algo más personal: cuando estoy en Barcelona siempre me maravilla lo extraña que me resulta aún siendo mi ciudad natal; el no haberla vivido, sino tan sólo visitado, me convierte en alguien externo a ella. De todos modos, siempre hay algún tipo de reconocimiento que, estoy segura, podría acrecentarse en el momento que empleara tiempo para emplazarme. Sería entonces cuando esos fragmentos reconocibles por lo familiar de su aspecto (una avenida con árboles, un edificio, un barrio, un bar,… que de algún modo recuerdan a algo ya visto) comenzaran a tener un sentido en conjunto y la orientación sería completa.

Precisamente, acerca de este vaivén entre el reconocimiento y la extrañeza, la orientación y la desorientación, pienso en lo que dice Paul Virilio acerca de nuestra memoria y la «imaginería» como «usuarios» de la ciudad. «Mi capacidad territorial es inimaginable: la orientación de las plazas y de las avenidas es contenida por mi vitalidad, la Ciudad está presente en la vivacidad de mi memoria de los lugares».

Paul Virilio, Ciudad pánico, Libros del Zorzal, Buenos Aires 2006, p. 17

Es esta Ciudad con mayúscula, la que se construye a través de nuestra memoria y que en cierto modo está limitada a nuestra experiencia, la que portamos como equipaje; es la que nos hace reconocer todas las ciudades, como cada una de Las ciudades invisibles que, se dice, son la Venecia de origen de Marco Polo, aunque cada uno reconoce una ciudad de uno u otro modo. Este ejercicio de reconocimiento de la Ciudad dentro de la ciudad en los distintos trayectos, nos remite en cualquier caso a la memoria, pero una vez recordada, una vez «usuarios» de la misma, cabe desearla. fotos: Ban(lieu)e. Instantáneas del videojuego Open TTD

Artículos relacionados

1 comentario

Ramiro 30 agosto, 2009 - 12:31

Interesante reflexión. Hace poco volví a visitar Barcelona y me hizo mucha gracia la forma que tienen para orientarse (por otro lado la mas lógica y fácil): "¿estás en el lado de la montaña o del mar?" o "mirando al mar, ¿dónde estás? ¿en la dcha o la izq?"

Deja un comentario