Pottersville (II)

por Ramiro

por Ramiro Aznar Ballarin

Resulta que no todos los Pottersville son posibles. Nuestra imaginación orwelliana nos ha engañado. El juego de la vida es mucho más restrictivo de lo que pensábamos. No hay hombres en el castillo, ni presencias enemigas. Pero quizás Bush sí que se hubiese llevado un buen zapatazo.

No puedo evitar seguir con analogías procedentes de la biología. Pero en lugar de sacarlas del campo de la evolución, voy a sacarlas del mundo de la biología del desarrollo. Ambas ciencias comparten un matiz direccional. El desarrollo embrionario y postembrionario es un proceso continuo de formación y modificación de estructuras. Los nuevos avances en genética han descifrado muchas de las claves para entender la base de este intricado proceso.

Ciclo vital de la alga unicelularAcetabularia. Brian Goodwin y sus colaboradores han descubierto que la formación del verticilo (cap formation) se debe a un gradiente en la concentración de calcio.

Pero una cosa es tener las instrucciones para montar la estantería GREVBÄCK y otra muy distinta es montarla por uno mismo. El resultado final va depender de factores internos (instrucciones, piezas) como externos (persona encargada de montarlo, ambiente). De la misma manera, los organismos se desarrollan bajo condiciones internas y externas. Respecto a las últimas, todo el mundo conoce la importancia de que una embarazada se alimente de forma adecuada. En cuanto a las condiciones internas, ya se ha visto que no sólo cuentan los genes (instrucciones), sino también las estructuras (piezas). Un buen ejemplo sería la formación del verticilo de Acetabularia, el cual es creado a partir de un gradiente de calcio en su zona apical (campo morfogenético) y no por la bioquímica procedente del núcleo.

Luces reflejadas en un ojo (escena de la películaBlade Runner).

El ojo siempre ha sido el objeto de estudio predilecto dentro de este ámbito. Su complejidad estructural ha servido a creacionistas y neodarwinistas como ejemplos creados por un relojero con barbas o por un relojero ciego. Sin embargo el hecho de que el ojo haya evolucionado de forma independiente en multitud de ocasiones nos coloca en un escenario diferente. Y es aquí donde llegamos al meollo de la cuestión. La forma del ojo es un potente atractor, de allí la convergencia en el diseño. Así que… ¿es extrapolable una convergencia en la formación y desarrollo de una ciudad? ¿Es lo mismo el gradiente de calcio en el desarrollo de Acetabularia que el gradiente de arenas a yesos en la construcción de barrios en Madrid?

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Para saber más…

Thompson, D. 2003. Sobre el crecimiento y la forma. Cambridge University Press. 220 pp.

Goodwin, B. 2008. Las manchas del leopardo. Tusquets. 304 pp.

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