Naturalización como estrategia para la conservación de la biodiversidad funcional urbana

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por Lorena Escuer Constante

La gestión de los espacios verdes públicos afronta, en la actualidad, un cambio de paradigma relacionado con el uso sostenible de productos fitosanitarios, la gestión alternativa basada en métodos no químicos, el fomento de la biodiversidad urbana, la naturalización de las ciudades y la conformación de una infraestructura verde que favorezca ciudades más saludables, ante el reto del cambio climático.

En este contexto, La Organización Mundial de la Salud ha pedido incorporar el concepto de “urbanismo saludable” al diseño de la ciudad moderna, donde la infraestructura verde ha de jugar un papel fundamental.

La Comisión Europea ha definido esta infraestructura como una red estratégicamente planificada de zonas naturales y seminaturales de alta calidad con otros elementos medio ambientales, y una de las características clave de esta red rural o urbana es que provea de servicios ecosistémicos diversos a la sociedad.

Estas circunstancias han resultado en la creación de un marco de acción con leyes que regulan un uso sostenible de los productos químicos en tratamientos fitosanitarios, con nuevas normas europeas más restrictivas sobre la utilización de los mismos en el control de plagas y la vegetación espontanea y cuya trasposición al marco legal español explicita que la gestión de las plagas de los vegetales en ámbitos profesionales se realizará mediante prácticas con bajo consumo de productos fitosanitarios y dando prioridad a los métodos no químicos con menores riesgos para la salud humana y el medio ambiente.

Es por ello que el objetivo actual de los gestores del verde debe ser fomentar un entorno urbano saludable, conservar la biodiversidad y mantener el equilibrio de los procesos naturales en los parques y jardines de nuestras ciudades; porque conservar la biodiversidad es imprescindible para mantener la riqueza del planeta (Le Plan Biodiversité d’Orleans, 2010) y los insectos son una parte fundamental de esa biodiversidad.

Ante esta situación, la incorporación de las Soluciones basadas en la Naturaleza (SbN) permitirá una mejora continua del ambiente urbano, introduciendo la naturaleza en nuevos espacios de oportunidad y fomentando así la biodiversidad urbana.

La importancia de los insectos

Los insectos representan alrededor de dos tercios de toda la vida en la Tierra y son el grupo de animales más abundante, diverso y desconocido del planeta, aún así, los insectos no gozan de una gran estima en nuestra sociedad.

Su importancia es tal que se puede decir que si nuestra civilización despareciera de la faz de la tierra la naturaleza recuperaría su equilibrio en un breve plazo, mientras que si desaparecieran los insectos, una buena parte de la vida sobre la Tierra tendría los días contados, debido a que constituyen un eslabón esencial en la cadena trófica planetaria y de ellos dependen una multitud de especies vegetales, incluyendo algunos cultivos esenciales.

La desaparición masiva de insectos podría llegar a producir un el colapso de los servicios ecosistémicos que prestan los polinizadores, con previsibles consecuencias nefastas para las plantas silvestres, los cultivos agrícolas y nuestra propia sociedad, que no es más que una parte del ecosistema.

Causas conocidas de su desaparición

Las causas concretas de la desaparición masiva de estas especies están sujetas a debate, pero el consenso científico actual atribuye un importante papel a la modificación y destrucción del mosaico de hábitats silvestres mediante el manejo intensivo de los cultivos, seguido del uso generalizado de productos químicos de síntesis.

Factores como la contaminación de origen urbano e industrial y el cambio climático parecen tener también efectos significativos sobre el medio y la biodiversidad, en la medida que degradan la calidad y conservación de los hábitats actuales.

En general, todo indica que la reducción en el número de insectos polinizadores se debe en gran medida a la fragmentación de hábitats provocada por la agricultura y silvicultura intensivas, que reducen en gran medida tanto la disponibilidad como la diversidad de recursos florales disponibles en el paisaje, en el espacio y tanto como en el tiempo. Al reducir la vegetación espontanea y haber proscrito la abundancia y diversidad de flores del paisaje, este no puede ya ofrecer refugio y alimento a gran parte de la biodiversidad funcional que de ellas depende –abejas silvestres, melíferas y mariposas junto con otra fauna auxiliar– y que tan útil resulta para el agricultor y el conjunto de nuestra sociedad, aún sin que lo sepamos.

Esta situación presenta importantes desafíos para el uso de productos fitosanitarios. Conscientes de que el uso de productos químicos conlleva riesgos para la salud y el medio ambiente, actualmente contamos con leyes como el RD 1311/2012 que determina un uso sostenible de fitosanitarios y plantea una gestión alternativa basado en métodos no químicos.

Este Real Decreto se sustenta en la Gestión Integrada de Plagas, cuyo principio radica en disminuir los niveles de población de las mismas utilizando el conocimiento sobre la biología de los organismos y la aplicación de técnicas que minimicen la aplicación de productos fitosanitarios. Englobado en este modelo de gestión se encuentra el “Control Biológico” de plagas, que emula el existente en la naturaleza: las plagas se limitan mediante sus enemigos naturales, la llamada “fauna auxiliar”.

Desafortunadamente, las poblaciones de fauna auxiliar suelen ser mucho más pequeñas que las de la plaga, y éstas proliferan en ejemplares vegetales estresados o sometidos a condiciones ambientales desfavorables, tales como las que ofrecen las ciudades, donde esta fauna beneficiosa no prospera en ausencia de los hábitats apropiados.

El Control Biológico utiliza como “producto insecticida” los enemigos naturales de las plagas, criados en masa por productores especializados y liberados en el ambiente mediante sueltas controladas. Este método anula el riesgo de toxicidad para plantas o personas, no contamina el medio ambiente y ni genera residuos, al tiempo que aumenta la biodiversidad urbana. La utilización de “insectos beneficiosos” para atacar a los insectos que nos perjudican responde al lema de “El enemigo de mi enemigo es mi amigo”, que ilustra a la perfección el leitmotiv con el que el control biológico está ganando terreno entre los responsables de la gestión de espacios verdes.

Figura 1 y 2: Gestión de las zonas verdes: de lo tradicional a lo contemporáneo y presente.

¿Dónde reside la naturaleza?

En términos de biodiversidad funcional, nuestra creencia histórica es que la naturaleza reside predominantemente en el campo y los bosques. La realidad es que es precisamente en el paisaje agrícola donde las especies vegetales y animales, incluyendo los polinizadores, parecen estar sufriendo su mayor declive. Algunos estudios sugieren que algunas áreas urbanas ofrecen ya una mayor diversidad de abejas que los terrenos agrícolas adyacentes y que en ausencia de hábitats naturales, los abejorros prosperan en el entorno urbano.

De manera que las ciudades pueden convertirse en importantes refugios de biodiversidad si se fomenta esa diversidad sistemáticamente.

Figura 3 y 4: Campo actual frente a ciudad actual. En color rojo, las especies que se ven más amenazadas; en gris, las más escasas, y, en negro, las que se encuentran presentes.

Entonces ¿cómo promocionar la biodiversidad funcional urbana?

Existe la posibilidad de que los espacios verdes urbanos desempeñen una verdadera función ecológica y de refugio de biodiversidad a escala supra-urbana. Aunque sea a niveles difícilmente perceptibles, existe potencial para crear verdaderas áreas verdes naturalizadas, micro-hábitats cuyo objetivo sea actuar como “islas” de biodiversidad que puedan llegar a estar conectados de alguna forma para crear verdaderos corredores ecológicos.

Es necesario dedicar una parte de la infraestructura verde urbana a fomentar plantas de flor, particularmente de las que encontramos en praderas, incluso aquellas popularmente denominadas como «malas hierbas» que muestran gran potencial como hábitat de insectos polinizadores tales como las abejas, las mariposas, los escarabajos y los hemípteros; tanto para potenciar la biodiversidad como para actuar como soporte en la lucha integrada contra plagas potenciales.

Mediante la aplicación de las Soluciones Basadas en la Naturaleza (SbN) se pueden explorar vías para la solución de problemas urbanos, a través de la recuperación de servicios ecosistémicos dentro de las ciudades.

Un ejemplo de esto es la creación de «Alcorques vivos» e «Islas de BIodiversidad« para incorporar en la ciudad pequeños micro-hábitats que generen lugares donde la fauna auxiliar pueda refugiarse para favorecer una mayor eficiencia tanto en el control biológico conservativo como en la polinización.

Alcorques vivos

El proyecto Alcorques Vivos tiene como finalidad ocupar espacios de oportunidad para la fauna auxiliar donde se pueda fomentar la interacción planta-insecto, potenciando el control biológico de plagas del arbolado presente en dichos alcorques.

Por tanto un Alcorque Vivo quedaría definido como: Acción por la cual un alcorque se llena de vida (Animal y vegetal) aportando servicios ecosistémicos que especialmente de apoyo para el control biológico.

El Control Biológico de plagas que se lleva a cabo en el arbolado de las ciudades, se realiza mediante sueltas controladas de diferentes tipos de insectos beneficiosos, depredadores y parasitoides. La realización de este tipo de tratamientos consiste en realizar un análisis y estudio de la vegetación objeto de tratamiento y de la plaga que le afecta. Una vez identificada, se seleccionan los insectos beneficiosos a soltar más adecuados para el control de cada plaga, determinando de antemano el momento idóneo de suelta, pues de ello dependerá la efectividad del tratamiento.

A lo largo del año, se realizan seguimientos y muestreos para valorar la evolución del tratamiento, con el fin de tomar decisiones en cuanto al refuerzo de las sueltas. Una vez entrado el otoño, los insectos beneficiosos que han estado presentes en los árboles durante la primavera y el verano no encuentran refugio con facilidad dadas las características del entorno urbanizado. Por ello, incorporar en la ciudad pequeños microhábitats próximos al arbolado viario, puede favorecer una mayor eficiencia en el control biológico conservativo, generando lugares donde la fauna auxiliar pueda refugiarse. De esta manera podrá así cumplir su función y permitirá aumentar la abundancia y la eficiencia de los insectos beneficiosos en el control de las plagas al año siguiente.

Además de las especies de insectos liberadas para el control de plagas, también encontramos en el arbolado viario muchas otras especies de insectos beneficiosos que no se liberan de manera controlada, pero que también van asociadas a las plagas y ayudan a su control, como por ejemplo es el caso de la familia de los Syrphidae (sírfidos).

Estos insectos, al igual que sucede con otras familias de insectos utilizadas en el control biológico de plagas, se alimentan en estadio larvario de pulgones, mientras que los adultos lo hacen de polen y néctar, de manera que la proximidad a fuentes de polen y néctar favorecerá igualmente la presencia de estos organismos.

Por ello la utilización de plantas herbáceas de flor ricas en polen y néctar en alcorques pueden suponer una fuente de alimento para los estadios adultos de fauna utilizada en el control biológico de plagas, favoreciendo la instauración de los insectos beneficiosos en el entorno del árbol, así como lugar de refugio para el invierno.

Es por esto que la selección de especie es clave para garantizar el éxito del proyecto.

No solo deben resultar funcionales para la fauna auxiliar, sino que también deben resultar atractivas para la población, priorizando en mezclas que no superan las 3-4 especies, que tengan floración prolongada en el tiempo y que combinen de manera cromática.

Lo ideal es dar prioridad a especies nativas silvestres por considerarse las de mayor potencial en la producción de polen y néctar atractivo para los insectos de interés, además de por su adaptación a las condiciones edafoclimáticas.

Fotos 1 y 2: Alcorques vivos
Foto 3: Hembra del sírfido Episyrphus balteatus sobre una flor de Lobularia marítima. Esta planta de la familia de las crucíferas, aporta tanto el polen como el néctar que necesitan las hembras de este grupo de insectos.

Es muy importante que estos alcorques vivos se encuentren conectados mediante corredores verdes con el resto de elementos que componen la estructura verde urbana, para que los insectos beneficiosos puedan desplazarse de un lugar a otro y no queden recluidos únicamente en un punto en concreto.

Además, la utilización de estas herbáceas de flor en determinadas zonas de la ciudad puede suponer una alternativa muy natural a los herbicidas. La vegetación espontanea conocida como «mala hierba» pasa a ser una vegetación aceptada, conocida y valorada.

Pero para llegar a ser aceptadas por el ciudadano, todas estas actuaciones precisan de cierta concienciación social, por eso la realización de talleres, charlas y carteles informativos son elementos clave que deben acompañar este proceso de naturalización de la ciudad.

Las ciudades avanza hacia un nuevo ecosistema urbano sin olvidar que «El centro de la ciudad, a pesar del ajetreo y del aspecto completamente artificial, presenta una constelación de ecosistemas en miniatura.» y nosotros podemos ayudar a que esos pequeños ecosistemas se hagan más grandes.

Lorena Escuer Constante es Bióloga y Asesora en GIP. Especialista en Control Biológico de plagas.

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