por Isabel Martín
[…]
Árboles que vuestro afán
consagró al centro del día
eran principio de un pan
que sólo el otro comía.¡Cuántos siglos de aceituna,
los pies y las manos presos,
sol a sol y luna a luna,
pesan sobre vuestros huesos!Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
pregunta mi alma: ¿de quién,
de quién son estos olivos?[…]
del poema Aceituneros, de Miguel Hernández
IX
Los olivos grises,
los caminos blancos.
El sol ha sorbido
la calor del campo;
y hasta tu recuerdo
me lo va secando
este alma de polvo
de los días malos.[…]
del poema IX de la serie Apuntes, de Antonio Machado
En Andalucía, el olivar no se entiende pensándolo solo como un cultivo. Es memoria y paisaje, una forma de vida y una conexión con la historia, es empleo y es identidad. La imagen de un mar de olivos representa la estructura del territorio en zonas de campiña de Granada o Jaén.
De los lugares del olivo, en los sitios del mediterráneo, es nuestro país el mayor productor de aceite de oliva del mundo (DIEGO et al., 2017), seguido de Túnez , Italia y Grecia (Vilar, 2024). El olivar se cultiva mayoritariamente en extensivo en condiciones de secano y poca mecanización.
En Andalucía se concentra en torno al 60% de la producción estatal y es parte esencial de la producción global del aceite. En la provincia de Jaén, este cultivo supone el 80% del suelo agrario, lo que configura un monocultivo que estructura el territorio (DIEGO et al., 2017; Sánchez Martínez et al., 2022). En este momento, existe en el sector una tensión compleja por la transformación que se deriva de la contraposición de dos modelos productivos que suponen implicaciones muy diferentes para el territorio (Aguilar & Félez, 2025).

El olivar intensivo y superintensivo: competir reduciendo costes
Los cultivos de olivares de alta y muy alta densidad han aumentado de manera significativa en las últimas décadas debido al devenir de las lógicas de la competitividad global (Aguilar & Félez, 2025; Sánchez Martínez et al., 2022). El paisaje tradicional, de poca densidad de arbolado, dispuesto de manera irregular, adaptado a la topografía del terreno de lomas y colinas, troncos gruesos con copas muy voluminosas, árboles centenarios, contrasta con el paisaje del olivar en cultivo intensivo o súper intensivo: hileras perfectamente alineadas, muy estrechas y uniformes con alta densidad, árboles jóvenes de copa pequeña que permiten la recolección mecanizada y un horizonte de mayor producción a menor coste.
Este modelo posibilita la reducción de jornales, una rápida recolección y la homogenización del producto, lo que facilita la integración en cadenas globales de distribución (DIEGO et al., 2017) y la captación de capital de fondos de inversión (Sánchez Martínez et al., 2022). Desde una lógica empresarial, es un modelo eficiente en costes y productividad, aunque, considerando el territorio, hay que hacerse algunas preguntas.
La reducción del empleo por la mecanización impacta en la estructura social, en la manera de fijar la población al territorio (Aguilar & Félez, 2025; Soto de Anda, 2026) y en las posibilidades de desarrollo de vida de las personas. El paisaje se simplifica, la explotación queda concentrada en unidades territoriales mayores y más capitalizadas, lo que ahonda en dinámicas de concentración y pérdida de diversidad agraria (Sánchez Martínez et al., 2022). Se produce una tecnificación del campo, sí, pero también se vacía.
El olivar tradicional: diferenciar para sobrevivir
Con menos densidad, con la topografía en pendiente y con árboles centenarios, las zonas de olivar tradicional no pueden competir en costes con las lógicas del modelo superintensivo. Pero esta manera de cultivar aporta otros valores: genera más empleo por hectárea, mantiene en la memoria activa saberes y prácticas culturales, sostiene cooperativas locales que permiten anclar la población al territorio y permite la conservación de la biodiversidad y el paisaje histórico (Aguilar & Félez, 2025; DIEGO et al., 2017).
Uno de los territorios con mayor tasa de desempleo de Europa es Andalucía, por fuerte dependencia de sectores estacionales. El olivar tradicional constituye un pilar económico y social en la comunidad autónoma (Soto de Anda, 2026).
La estrategia, pues, no permite competir con lógicas de mercado de abaratamiento, esto es, en precio, sino cualificando y diferenciando el producto: aceites de alta gama con precios que permitan la vida de todo el ecosistema humano que hay detrás, denominaciones de origen, producción ecológica, etc. (Aguilar & Félez, 2025; DIEGO et al., 2017) No solo se trata entonces solo de proteger árboles, sino de una manera de estar en el mundo (Diputación de Jaén, 1998).

Impacto territorial, ¿qué está en juego?
Empleo y cohesión social
Cada campaña de olivar tradicional genera miles de jornales, lo que en muchos municipios es la base de su economía, que posibilita el comercio local, el arraigo de familias que mantengan activas las escuelas y la vida social (Soto de Anda, 2026). El modelo intensivo y superintensivo reduce esta mano de obra, por lo que el empleo disminuye, generando riesgos de abandono del territorio por parte de la población, envejecimiento y debilitamiento del tejido social (Aguilar & Félez, 2025)
Relevo generacional y género
Más de la mitad —un 55%— de las personas titulares agrarias superan los 55 años, por lo que el relevo generacional es uno de los retos (Sánchez Martínez et al., 2022). Incorporando la perspectiva de género y mirando a las mujeres rurales, invisibilizadas tradicionalmente de la titularidad de las explotaciones, está aumentando su presencia en cooperativas y proyectos nuevos relacionados con el olivar tradicional (Soto de Anda, 2026).
Este se asocia al modelo cooperativo y diversificado, que ofrece mayores oportunidades a proyectos colectivos, con más implicación de distintos actores del territorio que puedan impactar en lo local. La intensificación capitalizada, por el contrario, tiende a concentrar la propiedad y reducir la participación social (Aguilar & Félez, 2025).
Paisaje, patrimonio e identidad
La identidad rural andaluza, durante siglos, se ha configurado alrededor del olivar. No hablamos pues solo de una actividad económica, sino de un sistema cultural que está hecho de patrimonio de la arquitectura industrial, almazaras, gastronomía y memoria colectiva (Aguilar & Félez, 2025; DIEGO et al., 2017; Diputación de Jaén, 1998). Cuando el modelo productivo se interviene y transforma, el paisaje se modifica, cambia. Cuando esto ocurre, también lo hace la identidad territorial. El territorio pues no es neutro, es memoria hecha materia. (Sánchez Martínez et al., 2022)
Tensiones en la búsqueda de soluciones
El debate lleva tiempo sobre la mesa en el territorio andaluz, y su complejidad puede observarse en el proceso de la candidatura para la UNESCO, Paisajes del Olivar en Andalucía a Patrimonio Mundial.
Esta candidatura fue impulsada, ya en 1998, por la Diputación de Jaén, y se estuvo trabajando por parte de la Asociación de los Paisajes del Olivar de Andalucía hasta 2024. Con las adhesiones de las Diputaciones de Córdoba, Granada, Málaga, Sevilla y Cádiz; las universidades de Córdoba, Granada, Sevilla, Cádiz, Jaen y Málaga; la Junta de Andalucóa; más de cien municipios, y organizaciones agrarias, cooperativas o fundaciones, (Diputación de Jaén, 1998) finalmente fue retirada por el rechazo de grupos de olivareros de la campiña de Jaén, que se opusieron por las limitaciones productivas que podría imponer a sus explotaciones (Canal Sur Media, 2024).
La declaración se centraba en los valores culturales, agrarios, ambientales, sociales e históricos del olivar andaluz y parecía un camino posible para afrontar unas lógicas de mercado global, imposibles de abordar sin miradas más complejas; una herramienta para afrontar presiones del mercado global mediante una estrategia de valorización territorial (Aguilar & Félez, 2025). El conflicto evidencia la tensión entre competitividad productiva y protección patrimonial.
Globalización: competir o diferenciar
Entonces hay dos velocidades. La que plantea la inserción en mercados globalizados, donde el modelo intensivo compite en volumen y precio, frente a la tradicional, que lo hace en calidad y singularidad (DIEGO et al., 2017). Desde las lógicas del mercado global, los valores de relato y singularidad, valor histórico, social, que supone el olivar tradicional, no son cuestiones relevantes, al no suponer ventajas competitivas inmediatas (Sánchez Martínez et al., 2022).
No se trata exclusivamente de la confrontación de técnicas distintas sino de diferentes proyectos territoriales: estandarización frente a arraigo.
Una nota clave: no todo vale para cualquier variedad
No todas las variedades se adaptan igual al modelo superintensivo. Por ejemplo, la variedad Picual, predominante en Jaén y responsable de aceites de gran estabilidad y carácter, no se adapta bien a plantaciones superintensivas de seto continuo, lo que refuerza su vinculación al olivar tradicional (DIEGO et al., 2017). Consumir pues, un aceite Picual de olivar tradicional no es solo una elección gastronómica: es una elección territorial, de modelo y de futuro posible.

Conclusiones: ¿qué campo queremos?
El futuro del olivar andaluz no se decide solo en los mercados internacionales, sino en el modelo territorial que se impulse. Si todo se orienta a la reducción de costes, habrá menos empleo, paisajes más homogéneos, mayor concentración de la actividad y más vulnerabilidad social. En una apuesta por la cualificación se reforzaría el tejido cooperativo, se mantendría el empleo rural y se protegería el paisaje y lo que supone a nivel cultural, histórico y patrimonial.
Si bien el territorio andaluz necesita industria y la modernización productiva no se debe demonizar, sí habría que preguntarse a quién beneficia estos cambios, en qué territorios incide y con qué consecuencias estructurales para el mismo.
Como personas que consumimos, ¿qué podemos hacer? La manera en que nos relacionamos con los productos tiene impacto en el territorio. Para tratar de sostener el olivar tradicional se puede comprar en cooperativas locales o en pequeño comercio donde se pueda encontrar aceite de cooperativas pequeñas; buscar la denominación de origen leyendo el etiquetado; probar variedades de oliva que solo se producen en tradicional; como la Picual, y, en la medida de lo posible, apostar por productores locales.
No es neutral el gesto de comprar un aceite u otro, es participar en qué modelo territorial queremos tener.
Bibliografía:
Aguilar, J. S. Q., & Félez, J. L. A. (2025). Mirando el monocultivo del olivar: Políticas públicas en torno a una producción privada. Revista CENTRA de Ciencias Sociales, 39-58. https://doi.org/10.54790/rccs.90
Canal Sur Media. (2024, noviembre 7). Adiós definitivo a la candidatura del Paisaje del Olivar como Patrimonio Mundial [Canal Sur radio y televisión]. https://www.canalsur.es/noticias/andalucia/jaen/adios-definitivo-a-la-candidatura-del-paisaje-del-olivar-como-patrimonio-mundial/2096474.html
DIEGO, B. N., RICARDO, F. E., & LUIS, R. R. (2017). El cultivo del olivo 7a ed. Ediciones Mundi-Prensa.
Diputación de Jaén, J. (1998). Inicio. Paisajes del Olivar Andaluz. https://www.paisajesdelolivar.es/
Sánchez Martínez, J. D., Rodríguez Cohard, J. C., Gallego Simón, V. J., & Garrido Almonacid, A. (2022). El avance de las plantaciones olivareras súper intensivas en el valle del Guadalquivir: Panorama y prospectiva. Estudios de economía aplicada, 40(2), 29. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=8475600
Soto de Anda, L. (2026). Del olivar al sol: Transformación rural y tensión entre tradición y energía en Andalucía. 4, 55-59.
Vilar, J. (2024, julio 1). La Olivicultura Mundial en Cifras. https://www.planthealth.es/comunicacion/conocimiento-aplicado/la-olivicultura-mundial-en-cifras
Isabel Martín Ruiz (Huelva, 1986 @i_sabelmartin). Tras años trabajando en distintos estudios de arquitectura finalmente da el paso a poner en pie su propia empresa. De 2017 a 2021 cofunda y trabaja en una cooperativa andaluza que se ocupaba de la construcción de entornos sensibles desde el sur y en femenino. Se encargaba de gestionar, idear, producir y generar proyectos y procesos en la línea de trabajo “Estrategias urbanas sensibles, arquitectura y urbanismo con perspectiva de género”. En 2018 publica su primer poemario, 90.3 de vaciante (Ed. Crecida), y en octubre de 2021 el segundo, Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa (A Fortiori Editorial). Ha participado en festivales de poesía nacionales e internacionales e imparte talleres. Compagina su carrera como arquitecta urbanista freelance con la investigación poética. Reflexiona sobre lenguajes para lo urbano y el territorio que lleven a otros imaginarios para otras vidas posibles
