Ciudades ante el cambio climático. Retos y aprendizajes clave desde la experiencia de América Latina

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por Gabriela García Portuondo

Más del 80% de la población de América Latina y el Caribe vive en áreas urbanas, cifra que superará el 86% en 2050 (CEPAL, 2024), lo que coloca a las ciudades en la primera línea de vulnerabilidad frente a estos impactos. 

Al mismo tiempo, esas ciudades enfrentan retos históricos y crecientes. Durante décadas, la expansión urbana y una planificación poco sostenible han degradado ríos, humedales y bosques, afectando las funciones naturales de los ecosistemas y dejando a las ciudades más expuestas ante fenómenos extremos. En consecuencia, la infraestructura, los servicios básicos y los medios de vida urbanos se vuelven cada vez más frágiles.

El cambio climático no hace más que profundizar estos retos. Según la Organización Meteorológica Mundial (OMM), el año 2024 fue el más cálido registrado en la región, con huracanes, sequías, incendios e inundaciones que causaron pérdidas humanas y económicas, además de poner en riesgo la seguridad hídrica y alimentaria.

Los grandes retos urbanos

Frente a esta realidad, la construcción de ciudades resilientes requiere de una planificación integral, viable y aceptada por las comunidades. Incorporar la adaptación climática en el desarrollo urbano permite proteger vidas, fortalecer servicios básicos, impulsar el desarrollo sostenible y generar nuevas oportunidades económicas, creando ciudades más resilientes, inclusivas y preparadas para los retos del futuro. Entre estas medidas, las Soluciones basadas en la Naturaleza (SbN) destacan por su efectividad: reducen riesgos, restauran ecosistemas, mejoran la salud y el bienestar, y fortalecen la resiliencia urbana (PNUMA, 2023).

Adaptación desde lo local

La adaptación al cambio climático requiere de un enfoque profundamente local. Cuando las soluciones se diseñan sin considerar las realidades del territorio, pueden generar “maladaptaciones”, las cuales, en lugar de reducir las vulnerabilidades, las agravan o generan nuevas desigualdades. Para ser efectivas, las estrategias deben construirse desde el conocimiento territorial, las prácticas comunitarias y las dinámicas culturales propias de cada contexto. Esto implica reconocer que, incluso dentro de una misma ciudad, existen múltiples realidades y enfoques, y que la sostenibilidad de las acciones depende de su apropiación por parte de la comunidad.

Mapa de áreas potenciales para la implementación de medidas de conservación y restauración de la Cuenca del Arroyo Cañapirú, Durazno, Uruguay. Fuente: Verónica Colman, para el proyecto Nature4Cities, 2024

Resiliencia urbana con un enfoque de cuenca hidrográfica

Las ciudades no pueden entenderse de manera aislada: dependen de las cuencas hidrográficas en las que se insertan para su abastecimiento de agua, control de inundaciones y otros servicios ecosistémicos. Analizar los riesgos climáticos desde una visión integral que incluya cuencas, zonas periurbanas y urbanas permite comprender mejor los impactos del cambio climático en las funciones ecológicas esenciales para la vida urbana.

Planificación basada en datos 

En América Latina y el Caribe todavía existe una gran brecha en la disponibilidad, sistematización y transparencia de datos climáticos. Esto limita la capacidad de planificar ciudades resilientes y de diseñar políticas públicas basadas en evidencia. Contar con información detallada sobre vulnerabilidad, exposición al riesgo e impactos en cascada es fundamental para tomar decisiones informadas. Las cartografías de riesgo y las zonas críticas deben integrarse en los instrumentos de ordenamiento urbano, territorial y de planificación estratégica, permitiendo anticipar escenarios futuros y priorizar inversiones efectivas para la adaptación.

Mapa síntesis de riesgo integrado para la ciudad de Rivera, Uruguay. Fuente: IHCantabria, 2024 para el proyecto Nature4Cities

Integrar las vulnerabilidades diferenciadas 

Los impactos del cambio climático no afectan a todas las personas por igual. Factores históricos, sociales, económicos y culturales agravan la situación de ciertos grupos, incrementando desigualdades existentes. Incluir las vulnerabilidades diferenciadas en la planificación urbana es esencial para que las estrategias de adaptación sean realmente inclusivas y efectivas. Ignorar estas diferencias puede ampliar brechas asociadas a la salud, la violencia de género o el acceso desigual a recursos, información y oportunidades. La adaptación debe promover justicia climática, equidad y bienestar para todas las personas.

Impactos del cambio climático diferenciados por género. Fuente: Elaboración propia, para el proyecto Nature4Cities, 2024

Gobernanza participativa y cocreación

La planificación para la resiliencia urbana requiere mecanismos de gobernanza participativa que involucren activamente a las comunidades. La cocreación fortalece la apropiación local, reconoce saberes tradicionales y promueve la sostenibilidad a largo plazo. Además, las ciudades deben articular esfuerzos entre distintos niveles de gobierno y sectores —público, privado y social— para coordinar acciones efectivas. Combinar enfoques top-down” y “bottom-up permite responder a la complejidad de los desafíos urbanos y garantizar que las soluciones sean justas, transparentes y sostenibles.

Grupo de trabajo multisectorial y transdisciplinar para la co-creación del Plan de Adaptación Urbana basado en la Naturaleza de Manzanillo, Cuba. Fuente: Elaboración propia, para el proyecto Nature4Cities, 2024

Financiamiento innovador para la adaptación

Las ciudades latinoamericanas, especialmente las de rango intermedio y menor, carecen de recursos financieros y capacidades para la movilización de recursos para la resiliencia. Es fundamental reconocer y visibilizar el valor económico de la resiliencia: los beneficios de los servicios ecosistémicos y las pérdidas evitadas ante desastres superan ampliamente los costos de inversión. Además del fortalecimiento de capacidades locales para acceder a fondos nacionales e internacionales, se requieren instrumentos financieros innovadores, como alianzas público-privadas, pagos por servicios ambientales, beneficios tributarios y mecanismos de recuperación de plusvalías urbanas que potencien la capacidad local de movilizar recursos para la adaptación urbana.

Monitoreo y evaluación sistemática

Medir los avances en adaptación es clave para garantizar su efectividad. Muchas ciudades carecen de datos de referencia o sistemas estables de seguimiento que permitan evaluar el impacto de sus acciones. Es necesario desarrollar esquemas de monitoreo robustos, transparentes y de largo plazo, con información de acceso público que facilite el análisis comparativo y la mejora continua. Estos sistemas deben adaptarse a las prioridades y particularidades culturales, sociales y ambientales de cada territorio, asegurando una gestión climática más informada, inclusiva y orientada a resultados.

Alianzas regionales como catalizadoras

El proyecto Nature4Cities, implementado en siete países de América Latina, demostró el poder de las alianzas regionales para impulsar la adaptación urbana. A través de redes de intercambio, comunidades de práctica y la promoción de Soluciones basadas en la Naturaleza, se fortalecieron capacidades locales y se generaron sinergias entre iniciativas nacionales, regionales y globales. Estas alianzas aumentan la visibilidad de la región, promueven el aprendizaje mutuo y facilitan el acceso a recursos, posicionando a América Latina como un referente en resiliencia urbana y acción climática colaborativa.

Metodología de los Planes de Adaptación Urbana

A partir de la experiencia en el desarrollo de planes de adaptación urbana del proyecto Nature4Cities en América Latina y el Caribe, se ha identificado una metodología marco replicable a escala regional y global. Esta debe adaptarse a las particularidades de cada ciudad mediante procesos participativos de cocreación multisectorial y multiescalar, garantizando así la efectividad local de las estrategias y su apropiación por parte de la comunidad.

La metodología, estructurada en cinco pasos, considera además los factores habilitantes necesarios para la implementación de las acciones y su influencia en la adecuación de políticas públicas y planes estratégicos locales y supramunicipales.

Metodología adaptada de los Planes de Adaptación Urbana basados en la Naturaleza del proyecto Nature4Cities. Fuente: Elaboración propia

El primer paso consiste en realizar un análisis de las vulnerabilidades y riesgos climáticos, considerando sus impactos socioeconómicos, culturales y ambientales en el contexto urbano. Este diagnóstico debe incluir las vulnerabilidades socioeconómicas diferenciadas, así como las barreras y oportunidades que surgen de la planificación urbana existente. El objetivo es identificar los puntos críticos y los ámbitos con potencial para fortalecer la resiliencia dentro del territorio.

La información generada debe ser difundida ampliamente, especialmente entre las y los tomadores de decisiones locales, para garantizar la integración de la vulnerabilidad climática en la planificación estratégica. Este proceso debe ir acompañado de programas de formación institucional y comunitaria sobre gestión de riesgos e impactos del cambio climático, promoviendo una comprensión compartida y la corresponsabilidad en la acción.

El tercer paso consiste en la Planificación estratégica, en este se desarrolla una visión de resiliencia a corto, mediano y largo plazo. A través de un proceso participativo, se definen las líneas estratégicas de actuación, los objetivos y las metas de la ciudad frente al cambio climático. Esta planificación debe articularse con políticas, programas y planes existentes, garantizando coherencia e integración entre los distintos niveles de gobierno.

A partir del marco estratégico, se formula un Plan de Acción que prioriza las medidas de adaptación. Estas deben definirse conjuntamente con las actoras y los actores locales, considerando criterios como el nivel de urgencia, la viabilidad económica, el potencial de cohesión social, la generación de medios de vida y la capacidad de abordar múltiples retos urbanos, socioeconómicos y ambientales. El plan debe incluir también mecanismos de financiamiento, ejecución y seguimiento.

El último paso corresponde al diseño de un sistema de monitoreo y evaluación continua que permita medir la efectividad de las acciones, identificar aprendizajes y ajustar las estrategias futuras. Se recomienda realizar una revisión y actualización tanto del plan estratégico como del plan de acción cada cinco años, garantizando su vigencia frente a los nuevos escenarios climáticos y urbanos.

10 principios transversales de la adaptación urbana

Sensibilización y capacitación: Fortalecer las capacidades institucionales y comunitarias es esencial para comprender los riesgos climáticos y promover una cultura de resiliencia que impulse la acción informada y sostenida en el tiempo.

Intersectorialidad e integralidad: La adaptación requiere coordinación entre sectores, políticas y escalas territoriales, articulando la gestión ambiental, urbana, social y económica bajo una visión compartida de desarrollo sostenible.

Flexibilidad: Los planes deben ser dinámicos y capaces de ajustarse a escenarios climáticos y socioeconómicos cambiantes, integrando mecanismos de revisión periódica y aprendizaje continuo

Descentralización: La acción climática debe formularse desde los territorios, empoderando a los gobiernos locales y comunidades, y reconociendo la interdependencia entre escalas municipales, metropolitanas y regionales.

Participación ciudadana: La adaptación es realmente efectiva cuando las comunidades locales son parte activa del proceso, contribuyendo con conocimiento local, fortaleciendo el tejido social y garantizando la apropiación de las medidas.

Enfoque ecosistémico: Planificar con enfoque de cuenca e incorporar las Soluciones basadas en la Naturaleza aumenta la resiliencia urbana, a la vez que trae cobeneficios económicos y sociales y para la biodiversidad

Carácter regulador: La adaptación debe integrarse de forma transversal en los marcos normativos y de planificación urbana, estableciendo criterios claros que orienten la gestión del suelo, la infraestructura y los recursos naturales.

Enfoque en grupos vulnerables: Las estrategias deben priorizar a quienes enfrentan mayores riesgos climáticos y sociales, promoviendo equidad, justicia climática y reducción de desigualdades estructurales.

Sostenibilidad socioeconómica y ambiental: Las medidas de adaptación deben generar beneficios duraderos, fortaleciendo economías locales y servicios ecosistémicos, y manteniendo en el tiempo el equilibrio entre bienestar humano y salud ambiental.

Transparencia: Los análisis de vulnerabilidad y la gestión de la adaptación requieren procesos abiertos y accesibles, con información pública y mecanismos de rendición de cuentas que fortalezcan la confianza y la corresponsabilidad ciudadana.

Referencias

Gabriela García Portuondo es arquitecta y urbanista con experiencia en planificación urbana sostenible, adaptación al cambio climático y desarrollo territorial participativo. Máster en Regeneración y Desarrollo Arquitectónico Internacional por la Universidad de Oxford Brookes, ha trabajado con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente apoyando a gobiernos locales de América Latina y el Caribe en la integración de soluciones basadas en la naturaleza en la planificación urbana. Es cofundadora de Placemaking Cuba y del foro Our City, Our Space, enfocados en la regeneración del espacio público y la participación ciudadana. Actualmente forma parte del equipo de Paisaje Transversal.

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