
Defendamos perseguir nuestras quimeras
Porque hacen falta locos, hacen falta majaderas
Y defendamos la alegría como un derecho
Como el derecho a pan, a trabajo y a techo
(…)
Somos realistas y exigimos lo imposible
— Los Chikos del Maíz
La alegría no es un adorno ni una recompensa que llega cuando todo lo demás está resuelto. Es una condición necesaria para una vida digna. Tiene que ver con poder encontrarnos, jugar, descansar, aprender, cuidar y sentir que los lugares que habitamos también nos pertenecen.
Las ciudades y los territorios pueden sostener esa alegría o hacerla más difícil. Pueden facilitar el encuentro o el aislamiento. Pueden acercarnos a la naturaleza o alejarnos de ella. Pueden ofrecer seguridad, autonomía y oportunidades, o reproducir desigualdades y limitar nuestras posibilidades cotidianas.
Transformar el territorio debe ser también la defensa del derecho a imaginar otras formas de vivir más justas, más cuidadosas y más vinculadas con los lugares que habitamos. Ser realistas no implica no ser optimistas; puede significar reconocer los recursos disponibles, trabajar con los conflictos existentes y construir las condiciones necesarias para que lo que hoy parece imposible pueda llegar a suceder.
Paisaje Transversal siempre hemos pensado nuestro trabajo como procesos abiertos de transformación, procesos que comienzan escuchando, que relacionan conocimientos diversos y convierten necesidades, deseos y conflictos en propuestas concretas.
Por eso nuestros proyectos quieren situarse en ese recorrido. Entre la imaginación y la norma, entre la vida cotidiana y las grandes transformaciones, entre las aspiraciones colectivas y las decisiones concretas. Y convertir una quimera en relaciones y formas de vida posibles.
Aprender la ciudad
Un territorio se aprende con el cuerpo; caminando, jugando, observando, tocando, encontrándose con otras personas y descubriendo los límites y las posibilidades de cada espacio. También ofrece una manera de aproximarse a la transformación urbana desde la experiencia directa, observando cómo se usan realmente los lugares y reconociendo necesidades que difícilmente aparecen en un plano.
Sin embargo, muchos de nuestros entornos urbanos resultan grises y duros, ásperos, donde la presencia del agua, la vegetación, el suelo vivo o la biodiversidad ha quedado reducida, fragmentada o alejada del disfrute y cuidado cotidiano. Para la infancia, esta ausencia de relación con un territorio amable resulta especialmente importante.
La naturaleza, por contra, ofrece materiales, ritmos y situaciones abiertas que favorecen la curiosidad, la autonomía, la imaginación y un juego menos predeterminado. Hace posible moverse, explorar, descansar, cuidar y aprender de manera compartida. Naturalizar significa restablecer esos vínculos y devolver a la ciudad algunos de los procesos que la hacen habitable. Significa recuperar la sombra, la humedad, los ciclos del agua, el contacto con otros seres vivos y la posibilidad de experimentar los cambios de las estaciones.
Con este entendimiento, algunos de nuestros proyectos actuales persiguen crear espacios más frescos, permeables, diversos y habitables. Lugares que respondan a las consecuencias del cambio climático y que, al mismo tiempo, amplíen las oportunidades de juego, aprendizaje, encuentro y contacto cotidiano con la naturaleza.


En el CEIP Luis Vives de València, esta mirada parte de la escucha directa a los niños y las niñas. A través de sus dibujos han expresado cómo quieren que sea su colegio y qué espacios necesitan para jugar, encontrarse, moverse, estar en calma o experimentar con la naturaleza. Sus propuestas se incorporan a un proceso de diseño colaborativo con la comunidad educativa, las familias y el barrio. De forma similar, en Vitoria-Gasteiz, el reto consiste en ampliar esta transformación al conjunto de la ciudad. La estrategia de naturalización de patios escolares, impulsada por el Centro de Estudios Ambientales, busca pasar de experiencias piloto a un programa estable para todos los centros públicos municipales, sistematizando aprendizajes y definiendo criterios, herramientas y una hoja de ruta común.

Ambos proyectos entienden el patio escolar como un aula viva y como parte de la infraestructura verde urbana. Transformarlo es mejorar la vida cotidiana de la infancia y contribuir a una ciudad más habitable, inclusiva y preparada frente al cambio climático. Por otra parte, y yendo más allá, los espacios escolares pueden formar parte de un sistema más amplio. La naturalización permite conectarlos con parques, calles, plazas, corredores verdes y otros espacios públicos, integrándolos en una red de lugares para la infancia, la convivencia, los cuidados y la biodiversidad.
Cuidar lo que habitamos
La mayor parte de la ciudad del futuro ya está construida. Con esto, en realidad, queremos apuntar que el futuro también pasa por transformar los barrios, edificios, espacios públicos y paisajes que hemos heredado. Regenerar y rehabilitar implica actuar sobre lugares donde confluyen problemas físicos, sociales, ambientales y económicos.
Nuestra forma de abordar estos procesos parte siempre de una mirada integral, comprendiendo las relaciones entre la vivienda, el espacio público, los equipamientos, la movilidad, la actividad económica, el paisaje y la vida comunitaria. Se trata de intervenir al mismo tiempo sobre las condiciones materiales de los lugares y sobre las relaciones que los sostienen. Por ello, nuestros proyectos buscan mejorar los entornos existentes sin borrar aquello que los hace reconocibles. Persiguen reducir vulnerabilidades, reforzar vínculos y crear condiciones para una vida más autónoma, segura y digna. Esta mirada, claro está, se concreta de manera diferente según la escala y las necesidades de cada lugar.

La vivienda constituye el punto de partida más cercano. Su tamaño, estado de conservación, accesibilidad y eficiencia energética afectan directamente a la salud, la autonomía y la economía de los hogares. Así, en La Mariola, en Lleida, el Pla de Millora Urbana que desarrollamos junto con Arquitectos de Cabecera, Mutu, Ichik, Rueda y Vega y el Gabinet d’Estudis Econòmics combina rehabilitación, ampliación y nueva vivienda con procesos de realojo, reurbanización y mejora ambiental. La intervención responde a las reducidas dimensiones de las viviendas, la falta de accesibilidad y la elevada vulnerabilidad social, con el objetivo de mantener los hogares existentes y dar continuidad a los procesos sociales y comunitarios del barrio.

Más al sur, en la Comunitat Valenciana, la ejecución de los Entornos Residenciales de Rehabilitación Programada de Picassent, realizada en colaboración con SOGO, está transformando los conjuntos de Virgen de Vallivana y Torres del Carmen. La rehabilitación de los edificios se vincula aquí con la mejora del espacio público, incorporando accesibilidad, vegetación, superficies permeables y nuevos lugares de estancia y juego.

Esta relación entre vivienda y entorno también está presente en el proyecto de las calles Doctor Barraquer y Hospitalet de Llobregat, en Getafe. A partir del trabajo iniciado por la Empresa Municipal del Suelo y la Vivienda en el proyecto EPIU Getafe Hogares Saludables, hemos desarrollado una intervención que amplía el espacio peatonal, incorpora arbolado y pavimentos permeables y crea nuevas áreas de encuentro, ampliando la idea de lo que entendemos por habitabilidad al espacio público.


En otros casos, la transformación puede comenzar con la recuperación de una única pieza, capaz de convertirse en infraestructura social y nodo de regeneración urbana. En este sentido, la antigua fábrica de cartón de Masquefa ilustra el potencial de dicha posibilidad. Allí, un amplio proceso participativo ha definido la transformación de un espacio sin uso mediante la demolición parcial de la edificación existente para la construcción de vivienda, la mejora de las conexiones con el espacio público y la creación de un equipamiento cogestionado con entidades sociales del municipio, con la posibilidad de preservar elementos identitarios de la construcción original.

Más allá del edificio y de la calle está el barrio, la escala en la que se entrelazan la vivienda, los equipamientos, el espacio público, los cuidados, la actividad económica y las redes comunitarias. Es una experiencia que ya hemos ensayado este año con el desarrollo de los Pla de Barris y Villes —en cuya segunda convocatoria, cerrada recientemente, hemos acompañado a dos municipios—, desde la que se han impulsado políticas de regeneración urbana, financiando intervenciones en barrios y áreas urbanas que presenten situaciones de vulnerabilidad social, económica, ambiental o residencial desde una òptica integral.
De forma similar, los centros históricos expresan con especial claridad esta necesidad de actuar de forma transversal sobre los problemas urbanos y sociales. Son lugares de gran valor patrimonial e identitario, pero también espacios habitados que deben adaptarse a las necesidades actuales. En Albacete, Baztán y Xixona se han aprobado recientemente sendos planes especiales que hemos desarrollado para la regeneración de sus cascos (o ensanches). Y Vitoria-Gasteiz avanza en esa misma dirección.
En Medina de Pomar, por su parte, la actual revisión del Plan Especial de Protección del Casco Histórico (PEPCH) afronta el reto de proteger el patrimonio sin desincentivar la rehabilitación y reutilización de los inmuebles. Y en los Cascos de Tolosa y de Miranda del Ebro vamos a comenzar los trabajos en las próximas semanas.

Más allá del barrio, a escala territorial, nuestro enfoque también estructura el Plan Integral de Intervención, Rehabilitación y Regeneración del corredor del Kadagua, en Barakaldo, que desarrollamos junto con Marina Blázquez y Rueda y Vega, abordando sus condiciones edificatorias, ambientales, urbanísticas y socioeconómicas de forma conjunta a las demandas y el trabajo continuado de las asociaciones vecinales.
En otro orden, y esta vez junto con EuroVértice, también estamos trabajando en Picanya en la reorganización y justificación de las ayudas destinadas a la reconstrucción tras la DANA, procedentes del fondo TMD del Ministerio de Política Territorial y del Fondo de Solidaridad de la Unión Europea.
Imaginar la ciudad deseada
Toda transformación urbana parte de un deseo. Quizá un deseo de vivir mejor. A nivel urbano, ello implica decidir cómo crecer, qué proteger, dónde invertir, cómo desplazarnos, qué retos y vulnerabilidades atajar o qué actividades favorecer implica definir un modelo de ciudad. Imaginar qué queremos consiste en hacer visibles esas decisiones y relacionarlas dentro de una visión compartida que conecte la vivienda, la movilidad, los equipamientos, la actividad económica, el paisaje, la adaptación climática y la cohesión social, y que permita pasar de las necesidades inmediatas a una estrategia capaz de orientar la transformación a medio y largo plazo.

Un modelo de ciudad es una forma de establecer una dirección común, de reconocer los conflictos existentes y de ofrecer un marco para responder a cambios sociales, económicos y ambientales que no siempre pueden anticiparse, concretándose en prioridades, recursos y mecanismos de seguimiento que permitan comprobar si las decisiones adoptadas acercan realmente la ciudad al futuro deseado.

Este camino ya lo hemos explicado al hablar de las agendas urbanas y lo seguimos recorriendo en los procesos actuales. En Real de Montroi, la Agenda Urbana Local responde a un momento decisivo, marcado por la influencia creciente del área metropolitana de València, la llegada de nueva población y las inversiones posteriores a la DANA. En Alcorcón, nos encontramos finalizando su Agenda Urbana 2030, que es el punto de partida para diferentes actuaciones que ya se están poniendo en marcha: puesta en marcha de la Oficina de Vivienda y Agenda Urbana, la construcción de vivienda dotacional, la revisión del Plan General.

En otro orden, formamos parte del equipo multidisciplinar de más de cuarenta profesionales que desarrolla el Plan Estratégico Municipal de Madrid. El PEM busca construir una visión común para una ciudad extensa y compleja, capaz de equilibrar su condición de ciudad global con la vitalidad cotidiana de sus barrios y de afrontar retos como la vivienda, las desigualdades territoriales, la regeneración urbana, la diversidad cultural y el cambio climático. Frente a una planificación rígida y fragmentada, el Plan se concibe como un marco estratégico y adaptable que permita anticipar escenarios, coordinar políticas y orientar el resto de los instrumentos urbanísticos. Su propuesta de «Urbanismo 4D» incorpora el tiempo, los datos, la evaluación y la gobernanza como partes del proceso, de manera que las estrategias puedan revisarse a medida que cambian las condiciones y se conocen sus resultados.
En otros casos, pensar el modelo territorial implica afrontar tensiones concretas. El Plan Especial de Usos Turísticos de Llanes (PEUT) regula la implantación de viviendas turísticas según la presión y las características de cada núcleo, buscando compatibilizar la actividad económica con la vivienda habitual, el patrimonio y la vida cotidiana de la población residente.

Dialogar para transformar
En nuestro trabajo, imaginar esa ciudad deseada nunca es un ejercicio exclusivamente técnico. Todo conocimiento sobre un territorio es un hecho compartido, repartido entre quienes lo habitan, lo gestionan, lo usan, lo cuidan y lo transforman.
La participación, sin embargo, requiere de objetivos claros, de una secuencia de trabajo, de responsabilidades definidas y de herramientas adaptadas a cada contexto. Precisa, también, de espacios, y de una metodología bien diseñada que permita que las conversaciones generen conocimiento útil, que las experiencias concretas puedan compararse y que, además de recoger opiniones, se identifiquen acuerdos, conflictos, barreras y aprendizajes transferibles, construyendo un conocimiento colectivo útil para orientar la acción.
Así, en Vitoria-Gasteiz estamos trabajando precisamente en la definición de un modelo estructurado de participación para los procesos de regeneración urbana a escala de barrio. El objetivo es pasar de experiencias aisladas a un sistema estable y replicable que ordene quién participa, en qué momento, con qué herramientas y con qué capacidad de incidencia, reforzando la relación entre ciudadanía y administración.

De forma similar, y en el marco de la red europea URBACT 2Nite, este trabajo de diálogo ha implicado a organizaciones juveniles y al Ayuntamiento de Sant Boi de Llobregat en la definición de iniciativas para promover un ocio juvenil nocturno saludable, alternativo y seguro, diseñando y facilitando los encuentros y trasladando las reflexiones de este grupo local a un plan de inversión.
También trabajamos desde esta lógica en el programa Capitales Europeas del Comercio de Proximidad (European Capitals of Small Retail, ECoSR), una iniciativa de la Comisión Europea que pone en valor el papel del pequeño comercio en la economía local, la cohesión social y la identidad urbana. Nuestro trabajo ha consistido en el acompañamiento de las ciudades ganadoras y finalistas desde el diseño de las visitas y los espacios de intercambio, ayudándolas a compartir experiencias, identificar aprendizajes y traducirlos en conclusiones aplicables a otros contextos.
En todos estos proyectos, la participación no se traduce en una convocatoria o moderación, sino en el diseño de las condiciones necesarias para que el conocimiento se comparta, circule, se contraste y pueda convertirse en acción.

Dar forma y reglas al cambio
La alegría no se decreta ni puede diseñarse por completo. Surge de la posibilidad de encontrarse, elegir, participar, jugar, aprender y construir vínculos con otras personas y con el entorno. Y esas posibilidades no surgen espontáneamente; también pueden construirse desde el diseño y la planificación de los espacios que habitamos.
Si el modelo de ciudad expresa hacia dónde queremos avanzar, el planeamiento establece las condiciones para hacerlo posible. Define los usos, organiza las relaciones entre los espacios, determina qué puede construirse y qué debe protegerse, corrige posibles desequilibrios y distribuye derechos y obligaciones. Aunque a menudo se perciba como un trámite o tarea técnica, el planeamiento afecta a la vida cotidiana; significa convertir una visión compartida en un marco normativo de decisiones concretas, que defina (o no) las posibilidades para transformar un municipio.
Siguiendo esto, en otro proyecto para Medina de Pomar nos encontramos redactando el avance del nuevo PGOU, que aborda la revisión de un modelo heredado al reconsiderar los numerosos sectores urbanizables que quedaron en distintos estados de tramitación tras el estallido de la burbuja inmobiliaria, planteando su rediseño o desclasificación y adaptando el crecimiento previsto a las necesidades actuales y reales del municipio.


En Mieres, por su parte, la revisión del PGOU parte de una realidad marcada por su pasado industrial. El objetivo aquí es proteger y reutilizar desde el planeamiento ese patrimonio como un recurso capaz de acoger nuevas actividades y acompañar la transición hacia otros modelos económicos.


En Avilés, finalmente, la revisión parcial del Plan General en el ámbito del futuro Parque Tecnológico “Isla de la Innovación”, desarrollada junto con Rueda y Vega y Compás Consultores, ha recibido la aprobación inicial. La propuesta impulsa la transformación de más de 220.000 metros cuadrados en un nuevo tejido urbano destinado a empresas, centros de innovación y otras actividades que incorpora zonas verdes, servicios y equipamientos y se integra con la ría y el casco urbano para funcionar como una parte más de la ciudad.
Hacer posible la alegría
Con todo, la alegría no es un resultado final de una transformación urbana, sino una expresión concreta de un buen vivir. Habla de la posibilidad de encontrarse, jugar, descansar, aprender, cuidar, participar y construir vínculos con otras personas y con el entorno; de sentir que los lugares que habitamos nos acogen, nos expresan y nos permiten desarrollarnos.
Pero esa posibilidad puede depender tanto de condiciones materiales como de marcos y normas suficientes. Desde el urbanismo, puede depender de cómo se distribuyen el espacio, los recursos, el tiempo, la naturaleza y las oportunidades.
Desde nuestra mirada, defender la alegría orienta la transformación de los territorios hacia un horizonte compartido, lejos de cualquier promesa abstracta. Nuestro trabajo se sitúa en esa distancia entre lo que existe y aquello que todavía parece imposible, pero deseable, tratando de imaginarlo, discutirlo y darle forma en común.


