por Ramón López de Lucio
Jordi Borja, el urbanista barcelonés como figura señera dentro del gran ciclo de trasformación y recualificación de las ciudades españolas durante el período 1975/2015
La muerte en julio de 2026 del geógrafo y urbanista Jordi Borja, nacido en 1941, ha dado lugar a numerosos reconocimientos de sus múltiples méritos como teórico y activista de la gestión urbanística, centrada en particular en la ciudad y área metropolitana de Barcelona, su extensa labor como estudioso y escritor y su influencia que se extiende a diversas metrópolis latinoamericanas.
En estas líneas me gustaría centrarme en su faceta de agente de primera fila en la ingente transformación y recualificación urbanística, junto con otros significativos arquitectos y urbanistas de su generación, de una serie de grandes ciudades españolas. Barcelona y Madrid en primer lugar, pero también otras como, Bilbao, Vitoria-Gasteiz, Málaga, Gijón, Pamplona, Santiago de Compostela, Valencia, etc.
La relación entre Barcelona y Madrid fue, además, especialmente estrecha durante los años setenta. En ambas ciudades se fue formando, todavía bajo el franquismo y en los primeros compases de la Transición, una cultura urbanística crítica y democrática, vinculada a los movimientos vecinales y a una nueva generación de técnicos y académicos. El intercambio de ideas, experiencias y publicaciones entre ambas ciudades contribuyó a situar en el centro del debate la regeneración de barrios y la dotación de equipamientos y espacios públicos, anticipando buena parte de las políticas municipales de la década siguiente.
La creación por Borja y otros compañeros en 1972 del Centro de Estudios Urbanísticos, Municipales y Territoriales (CEUMT) y la publicación de su muy influyente Manual de gestión municipal fue un hito en la evolución durante los 70′ de muchas ciudades catalanas y españolas.
Comparable en mi opinión a la redacción y aprobación del Plan General de Ordenación Urbana de Madrid entre 1981 y 1985 (con Tierno Galván como alcalde, Fernando Terán como coordinador de los estudios previos y Eduardo Leira como jefe del equipo redactor). Estos dos documentos memorables en las dos ciudades líderes del pensamiento urbanístico español en las décadas de la Transición fueron la avanzadilla de esa gran transformación urbanística de nuestras ciudades. Su verdadera modernización y adecuación a las necesidades y anhelos de los ciudadanos.
En Barcelona, esa transformación alcanzó una intensidad y una visibilidad excepcionales durante los años ochenta y noventa. La política de creación de parques, plazas y equipamientos en los barrios periféricos, la conocida estrategia de «monumentalizar la periferia», se combinó con las grandes actuaciones ligadas a los Juegos Olímpicos de 1992: la apertura de la ciudad al mar, la Vila Olímpica, las rondas y la renovación de amplios sectores del frente litoral.
Desafortunadamente la evolución posterior, durante los 90′ y las dos primeras décadas del siglo XXI (dispersión territorial acelerada, exageradas actuaciones residenciales —los tristemente célebres PAU de Madrid—, la creciente crisis de los precios de adquisición y alquiler de la vivienda), han ensombrecido este período de innovación y optimismo que coincidió con la inauguración de la democracia en España.




